El papel de la muerte en la vida – Control del terror



Según la teoría de la Gestión del Terror (TMT), la conciencia y el miedo a la muerte influyen decisivamente en todos nuestros sentimientos, pensamientos y acciones – desde nuestro entusiasmo por los deportes hasta nuestro miedo a los exámenes y la alegría por la función de posponer la alarma del despertador.
¿Cómo puede ser esto posible?

El imperativo biológico de la supervivencia

Como todos los demás animales, el ser humano nace con un impulso biológico de supervivencia. Sin embargo, a diferencia de otros animales, el ser humano sabe que, pase lo que pase, tarde o temprano perderemos la lucha contra la muerte. Esta es una revelación profundamente inquietante. Haremos casi cualquier cosa para preservar la vida. Sin embargo, debemos vivir con la certeza de que nuestro afán por vivir puede y inevitablemente será derrotado en cualquier momento.

Cómo manejamos el miedo a la muerte

El ser humano quedaría paralizado si constantemente se preocupara por su inevitable desaparición. Por eso, necesitamos suprimir la conciencia de la muerte, lo cual hacemos de dos maneras. Nuestra cosmovisión cultural compartida —es decir, las creencias que creamos para explicar la realidad— nos da un sentido de propósito y directrices para nuestro comportamiento en la tierra. Al mismo tiempo, nuestra cosmovisión cultural compartida promete una forma de inmortalidad al hacernos parte de algo más grande, que perdurará mucho tiempo después de que nos hayamos ido.

El segundo recurso importante para suprimir nuestro miedo a la muerte es la sensación de significado personal, también conocida como autoestima. Ya sea que nuestra autoestima se base en ser el corredor más rápido del mundo o en ser el mejor para adivinar al ganador del partido de fútbol del sábado, la autoestima constituye la base individual para creer que uno es un ser significativo con algo que aportar.

Juzgando a una prostituta

En un experimento en Estados Unidos, a 22 jueces de tribunales de primera instancia se les presentó un caso donde se debía fijar una fianza para una prostituta acusada de proxenetismo. La cantidad típica de fianza en este tipo de casos era de 50 dólares, que fue también la cantidad establecida por el grupo de control. Sin embargo, si a los jueces se les recordaba brevemente su propia muerte antes de tomar la decisión, el monto promedio de la fianza se elevó a 455 dólares, es decir, más de nueve veces más.* Normalmente consideramos a los jueces como expertos racionales que deciden los casos únicamente en base a los hechos. ¿Qué ocurrió?

Según la Teoría del Manejo del Terror, la explicación es que los jueces buscaron distanciarse de su miedo a la muerte promoviendo y manteniendo su visión cultural del mundo. Al fijar una fianza más alta para una persona que violaba las normas culturales, confirmaron y reforzaron esa visión cultural compartida, que a su vez actúa como una defensa contra el miedo a la muerte.

* A los jueces se les recordó la muerte personal mediante dos preguntas: (1) Describa brevemente los sentimientos que le provoca pensar en su propia muerte, y (2) describa lo mejor que pueda lo que cree que ocurrirá mientras muere físicamente y después de haber fallecido.

El orden de las cosas

El orden de las cosas es una visión del mundo tan profundamente arraigada en nosotros que prácticamente todo lo que pensamos, sentimos y hacemos está moldeado por ella. Sus raíces más profundas se remontan a nuestra primera infancia, cuando la fuente principal de nuestra experiencia de seguridad psicológica es el amor y la protección de nuestros padres. La experiencia de sentirnos buenos y valorados desarrolla nuestra autoestima, especialmente durante la niñez.

A lo largo de nuestro crecimiento, somos bombardeados con señales sobre lo que está bien y lo que está mal, y gradualmente incorporamos esas impresiones en el esquema que constituye el orden de las cosas.

Alrededor de los tres años, la conciencia de la muerte hace su aparición, y pronto comprendemos la terrible verdad: la muerte no es solo un suceso desafortunado que afecta a los ancianos. La muerte afecta a todos, incluyéndonos a nosotros mismos.

Esta comprensión es monumental. Tan pronto como los niños se dan cuenta de que ellos, al igual que su madre y padre, son frágiles y finitos, la cultura reemplaza a los padres como garante del equilibrio y la seguridad. De repente, las divinidades, las autoridades sociales y las instituciones aparecen como algo más estable y duradero.

Apoya la bandera

Cuando alemanes seleccionados al azar eran entrevistados frente a una tienda, no mostraban una preferencia particular por productos alemanes. Pero cuando la misma entrevista se realizaba frente a un cementerio, los entrevistados preferían coches y destinos turísticos alemanes en lugar de alternativas extranjeras.

Otro estudio mostró que cuando a un grupo de personas seleccionadas al azar se les recordaba su propia mortalidad, eran reacios a usar objetos que tenían una fuerte carga simbólica y cultural para propósitos que podrían parecer blasfemos, por ejemplo, usar una cruz como martillo o un bandera para filtrar un líquido coloreado.

Pero no basta con tener una percepción del orden de las cosas. Las personas también necesitan sentir que hacen una contribución valiosa a su mundo.

Autoestima: la fuente del valor

La autoestima es la experiencia de ser un miembro valioso de un universo significativo. Yo importo en un mundo que importa. Esta experiencia de significado personal mantiene a raya nuestros miedos más profundos. No importa si nos llaman “doctor”, “abogado” o “madre amada”. Lo crucial es que, al cumplir ciertos roles y valores culturales, sentimos que participamos en una realidad simbólica que — en un nivel profundo — nos ayuda a trascender nuestra efímera existencia biológica.

Por eso, la autoestima es la fuente de nuestro bienestar mental, pero es más que un concepto psicológico abstracto. La autoestima se siente profunda y físicamente en nuestro cuerpo. Por ejemplo, estudios muestran que personas que basan su autoestima en la fuerza física tienen un apretón de manos más firme y una mayor intención de entrenar después de ser recordadas de la muerte.

La desgracia de la baja autoestima

La autoestima puede colapsar de dos maneras. Individuos o grupos de individuos pueden perder la fe en su cosmovisión cultural, por ejemplo, debido a inestabilidad económica, escándalos en la iglesia o el deporte, o polarización política. Asimismo, individuos pueden experimentar que no pueden cumplir con las expectativas culturales, por ejemplo, debido a ideales de belleza inalcanzables.

Pero como la autoestima es la muralla del ser humano contra su miedo más profundo, harán casi cualquier cosa para recuperarla. La búsqueda de la autoestima se convierte así en la fuerza decisiva detrás de casi todo lo que una persona desea en la vida. El filósofo estadounidense William James (1842-1910) lo describió así:

“El yo de un hombre es la suma total de todas las cosas que puede llamar suyas; no solo su cuerpo y sus capacidades mentales, sino también su ropa y su casa, su esposa e hijos, sus antepasados y amigos, su reputación y trabajo, su tierra y caballos, su yate y cuenta bancaria. Todas estas cosas le proporcionan la misma experiencia. Si crecen y prosperan, triunfa; si se marchitan y desaparecen, se siente perdido.”

La nutrición mental que obtenemos a través de nuestra autoestima es tan importante como la nutrición física que recibimos de los alimentos que consumimos. Si nos falta autoestima, nos volvemos reservados y somos propensos a estallidos autodestructivos y agresivos. Si tenemos mucha autoestima, nos sentimos animados y entusiastas.

La invención de lo sobrenatural

¿Qué sucedió cuando una forma de vida, creada a lo largo de miles de millones de años de evolución para sobrevivir a cualquier costo, descubrió que estaba condenada a perder la batalla?

Como un hecho crudo y absoluto, ese descubrimiento es insoportable. Por eso, nuestros antepasados usaron su imaginación para crear un mundo sobrenatural donde la muerte no era ni definitiva ni irreversible.

Primero crearon la idea del alma, que permitió al ser humano evadir la muerte al percibirse a sí mismo como algo más que un simple ser físico. Luego surgieron los rituales, que reforzaban nuestra fe a la vez que se convertían en pruebas tangibles de que el mundo invisible existía y que podíamos controlarlo. De igual modo, el arte, como las pinturas rupestres, contribuyó a hacer comprensible lo incomprensible al ofrecer signos y símbolos concretos de un mundo sobrenatural.

A medida que el lenguaje se desarrollaba, nuestros antepasados comenzaron a plantearse las preguntas que inevitablemente surgen en seres autoconscientes: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? ¿Y qué sucede cuando muero? Con estas preguntas, las narrativas sobre lo sobrenatural se volvieron tanto posibles como necesarias.

Los mitos ofrecen la base narrativa para los rituales y, mediante el arte, crean el fundamento de la religión, que a su vez regula todos los aspectos del comportamiento social. La religión delimita cómo debemos relacionarnos entre nosotros y ofrece una visión moral y con propósito de la existencia, donde el alma puede continuar existiendo después de la muerte física. Además, la religión proporcionó a nuestros antepasados —y a nosotros hoy— una experiencia de comunidad y una realidad compartida, que permitió que grandes grupos de personas pudieran vivir y trabajar juntos.

Inmortalidad literal y simbólica

El ser humano ha buscado la fórmula de la inmortalidad desde tiempos inmemoriales a través de la química, lugares mágicos, frutas y bayas, el taoísmo, entre otros. En la época moderna, se ofrece la congelación del cuerpo entero o solo del cerebro, para ser reanimados en un momento posterior.

Además, las personas persiguen la inmortalidad simbólica. Deseamos dejar nuestra huella; queremos tener la experiencia de que algo de nosotros permanece y perdura incluso después de nuestra muerte física.

Caminos hacia la inmortalidad: genes, dinero, fama

Una forma de alcanzar la inmortalidad simbólica es a través de nuestra familia, ya sea por medio de los genes o de su recuerdo sobre nosotros. La fama y el dinero son otros caminos. Si tienes los medios para disfrutar de las cosas más finas de la vida, la gente te nota. Sientes que eres especial y especialmente valorado — quizás incluso por los dioses que han iluminado tu camino. Y así crece tu autoestima, ese baluarte crítico contra nuestro miedo a la muerte.

Las investigaciones muestran que el interés de las personas por poseer un producto de lujo aumenta después de ser recordadas de la muerte. En otro estudio, los polacos que contaban dinero mostraron menos miedo a la muerte que otros polacos que contaban hojas en blanco del mismo tamaño.

Nacionalismo heroico y líderes carismáticos

El ser humano también puede experimentar la inmortalidad simbólica a través de una conexión con una causa heroica o una nación que perdurará para siempre. El nacionalismo adquiere incluso una dimensión especialmente sagrada cuando la identidad grupal se combina con la sensación de pertenecer a un pueblo elegido.

El ser humano también tiene una marcada tendencia a simpatizar con “líderes fuertes” que muestran una convicción libre de conflictos. Esto es especialmente cierto en tiempos de incertidumbre y cambios. Así, experimentos han demostrado que, después de ser recordadas de su muerte personal, las personas tienen ocho veces más probabilidades de votar por alguien cuyo mensaje es “No son simples ciudadanos comunes, son parte de una nación especial” que por alguien cuyo mensaje es “invito a todos los ciudadanos a tomar un papel activo en el desarrollo de su país. Sé que cada uno de nosotros puede hacer la diferencia.”

Anhelamos líderes fuertes cuando nuestro mundo cultural es desafiado. Así, el líder fuerte no solo reafirma nuestra confianza en nuestra visión cultural del mundo, sino que al votar por el líder carismático y “más grande que la vida”, también esperamos que un poco de su aura mágica de intocabilidad e inmortalidad se contagie a nosotros.

El peligroso “otro” y la destrucción humana

La fe en nuestro mundo cultural y la autoestima también se ven desafiadas cuando encontramos personas con percepciones diferentes. Reconocer sus “verdades” implica necesariamente cuestionar nuestras propias “verdades”. Por ejemplo, los aborígenes creían que sus antepasados se transformaron en lagartos, que luego volvieron a convertirse en humanos. Si ese relato es creíble, entonces nuestra creencia de que Adán fue creado a imagen de Dios, y que el mundo fue creado por Dios en seis días, al menos debería ser puesta en duda. De ahí la total destrucción y desprecio hacia la cultura aborigen.

Pero la amenaza que proviene de sistemas de creencias diferentes va mucho más allá de relatos creados mutuamente incompatibles. La amenaza viene de todo aquello que de una u otra manera cuestiona nuestras opiniones y propósitos aceptados. Por ello, debemos encontrar maneras de enfrentar estas amenazas.

Evasión y deshumanización

Soldado italiano muerto con una foto de su hijo, África del Norte, Segunda Guerra Mundial, alrededor de 1940

Nuestro primer mecanismo psicológico de defensa es evitar y ridiculizar a quienes tienen percepciones diferentes a las nuestras. Esta tendencia a ridiculizar a los demás es especialmente pronunciada después de ser recordados de la muerte. Estudios muestran, por ejemplo, que los cristianos menosprecian a los judíos, los de derecha condenan a los de izquierda (y viceversa), los italianos desprecian a los alemanes, y todos se burlan de los inmigrantes tras ser recordados de su propia mortalidad.

Nuestro segundo mecanismo de defensa es mostrarles “la luz” a estas personas extraviadas y pecadoras, y convencerlas de nuestro mundo cultural. O bien, podemos domesticar su cosmovisión incorporando las partes que nos parecen atractivas dentro de nuestra propia visión del mundo. Esto puede explicar, por ejemplo, cómo la cultura dominante inicialmente se opuso a la cultura hippie, para luego adoptar su música, sus jeans y el yogur granola en su propia cultura.

Y si estas tácticas no funcionan, siempre podemos eliminar al extraño amenazante. Sea lo que sea que amenace nuestra cosmovisión — hambre, crisis económicas, rebeliones juveniles — la causa es su culpa.

Lo triste es que los seres humanos buscamos un chivo expiatorio al cual señalar como la causa de nuestros problemas, y ese chivo expiatorio puede ser cualquier persona o cosa. “¡Si tan solo pudiéramos librarnos de…, todos nuestros problemas estarían resueltos!”

¡Exterminadlos!

Una serie de experimentos mostraron que los recordatorios de la muerte personal hicieron que los israelíes consideraran más justificados los ataques contra palestinos, así como aumentaron el apoyo a un ataque nuclear preventivo contra Irán. Por otro lado, los recordatorios de la muerte personal incrementaron el apoyo de estudiantes iraníes a ataques de mártires contra Estados Unidos, así como su interés por convertirse en suicidas-bombers.

Cuerpo y alma: un difícil equilibrio

La conciencia de la muerte no es tan fácil de negar cuando somos conscientes de nuestro estatus como miembros del reino animal. Por ello, necesitamos diferenciarnos de los animales y convertir nuestros cuerpos en símbolos culturales que irradian belleza y fuerza, ocultando que formamos parte del reino animal. La hoja de higuera fue la primera decoración corporal; luego vinieron el maquillaje y los productos para la piel, las cirugías plásticas, el alargamiento del cuello, deformaciones en la cabeza, pies y dientes, etc. Todo para distanciarnos de los animales. El mensaje bíblico de que solo el ser humano fue creado a imagen de Dios también puede verse bajo esta luz.

Sexo, cuerpo y Muerte

El sexo presenta un problema especial en relación con nuestro miedo a la muerte, porque ante todo es un recordatorio claro de nuestra naturaleza animal. Aparte de orinar y defecar, el sexo es lo más cercano que los humanos llegan a comportarse como simples animales. Por eso, sexo y muerte están estrechamente vinculados, y manejamos nuestro miedo a la muerte otorgándole al sexo un significado simbólico, amor y romanticismo. Así, el sexo se transforma de algo meramente animal a algo sublime y exclusivamente humano, volviéndose psicológicamente más seguro.

De igual modo, el nacimiento y la menstruación nos recuerdan demasiado nuestra animalidad. Investigaciones muestran que las mujeres son consideradas menos atractivas si, antes, a la persona evaluada se le recuerda el ciclo menstrual femenino, y esto aplica tanto para hombres como para mujeres.

La muerte cercana y lejana

¿Qué sucede cuando nuestro mundo cultural y nuestra autoestima no pueden evitar que elpensamiento de la muerte aparezca?

El ser humano utiliza dos mecanismos psicológicos de defensa particulares para manejar los pensamientos sobre la muerte. Cuando somos conscientes de nuestros pensamientos sobre la muerte (es decir, inmediatamente después de un recordatorio de la muerte), usamos nuestros mecanismos de defensa proximales (cercanos). Esto significa actividades racionales y racionalizadoras cuyo objetivo es eliminar esos pensamientos de nuestra conciencia. Podemos hacerlo distrayéndonos o suprimiendo esos pensamientos, por ejemplo, comiendo, bebiendo, haciendo ejercicio o deporte, viendo televisión, navegando por internet, etc.

En contraste, los pensamientos inconscientes sobre la muerte (es decir, pensamientos un poco tiempo después de un recordatorio de la muerte) activan nuestros mecanismos de defensa distales (lejanos). Estos mecanismos de defensa no tienen una relación lógica directa con el problema de la muerte en sí. Castigos más duros para prostitutas, distanciarse de personas con valores culturales diferentes o comprar productos de lujo para aumentar nuestra autoestima no cambian el hecho de que vamos a morir. Pero este tipo de acciones reducen nuestro miedo a la muerte porque refuerzan nuestra creencia de que viviremos para siempre en alguna forma, ya sea física o simbólica, después de morir.

Nuestros mecanismos de defensa proximales y distales explican por qué la mayoría de las personas dicen que no piensan o no son afectadas por pensamientos sobre la muerte. En la vida diaria, los mecanismos proximales aseguran que podamos suprimir o distraernos de los recordatorios constantes de la muerte — las ojeras, las canas, las noticias de terremotos y bombardeos en lugares lejanos, etc.

De vuelta en la oficina, se activan nuestros mecanismos de defensa distales. Soñamos despiertos con obtener el mayor bono de la empresa y ser mencionados en el discurso de fin de año. Así nos convertimos en personas importantes y reconocidas en un universo con sentido y, por lo tanto, en candidatos dignos de trascender la muerte a través de la inmortalidad.

Estar entre la espada y la pared

Independientemente de cómo enfrentemos la idea de la muerte, nuestros sentimientos, pensamientos y acciones se basan en un orden de las cosas construido culturalmente, y algunas cosmovisiones nos guían hacia direcciones más sostenibles que otras.

Para algunos, la vida es sencilla. Las cosas son buenas o malas. No hay término medio. Este enfoque fomenta una visión del mundo en blanco y negro con directrices explícitas sobre cómo alcanzar la inmortalidad. Así, ofrece una experiencia seductora de seguridad psicológica para quienes lo adoptan, pero también puede fomentar una mentalidad de “nosotros contra ellos” que aumenta los conflictos grupales.

Para otros, las cosas casi nunca son completamente buenas o malas. Siempre hay un poco de malo en lo bueno y un poco de bueno en lo malo. Este enfoque implica aceptar que el sentido y el valor son creaciones humanas. Por lo tanto, no necesitamos aceptar la percepción de la realidad que otros quieran imponernos y podemos buscar la nuestra propia. Pero desde el punto de vista psicológico, es un lugar desafiante para estar. El miedo siempre acecha.

Así que estamos atrapados. Un enfoque ofrece seguridad psicológica, pero puede tener costos terribles para quienes se convierten en víctimas de cruzadas autojustificadas que quieren limpiar la tierra del mal. El otro enfoque quizás ofrece una visión más compasiva y solidaria del mundo, pero es menos capaz de aliviar el miedo a la muerte. De una u otra manera, necesitamos desarrollar cosmovisiones que ofrezcan tanto una experiencia suficiente de seguridad psicológica como tolerancia y aceptación hacia quienes piensan diferente.

¿Qué podemos hacer?

Según el psicoterapeuta existencialista Irvin Yalom, nadie que se embarque en una profunda autoexploración puede evitar la muerte, “porque una de las tareas principales del adulto maduro es reconciliarse con las realidades del deterioro y la decadencia. Cuando la ilusión de la inmortalidad se quiebra, muchas personas sienten que si hubieran sabido, realmente sabido esto antes, habrían vivido sus vidas de manera diferente”.

Por lo tanto, debemos confrontar nuestra mortalidad. Debemos reconocer que, aunque la idea de nuestra mortalidad provoca ansiedad, también puede hacer que nuestra vida sea algo sublime, permitiéndonos vivir con valor, compasión y una preocupación por las generaciones futuras.

¿Actúas por miedo o porque otros te manipulan? ¿Estás guiado por mecanismos de defensa rígidos o persigues metas en la vida que realmente valoras? Cuando interactúas con otros, ¿consideras cómo su miedo a la muerte influye en sus acciones y cómo tu propio miedo a la muerte afecta las tuyas?

Al plantear y responder estas preguntas, quizás podamos aumentar nuestra propia alegría de vivir y la de los demás, y tener un impacto positivo en nuestro entorno.

Observaciones finales

Para aprender más sobre el papel de la muerte en la vida, te recomiendo encarecidamente leer The Worm at the Core de Sheldon Solomon, Jeff Greenberg y Tom Pyszczynski, en la que se basa este artículo. Es un libro breve, de fácil lectura y que invita a la reflexión, donde también podrás conocer muchos más experimentos e investigaciones que respaldan la afirmación de que el miedo a la muerte tiene un efecto profundo en el ser humano, tanto en lo grande como en lo pequeño.

Los autores basan su teoría en el libro The Denial of Death del antropólogo y ganador del premio Pulitzer Ernest Becker, del cual también puedes leer una introducción en esta página.

Y si estas ideas han captado tu interés, aquí puedes encontrar mi introducción al pensamiento de Irvin Yalom sobre el miedo humano a la muerte, una introducción a Søren Kierkegaard y las reflexiones sobre el sentido y la muerte del psicoterapeuta y sobreviviente de un campo de concentración Viktor Frankl.

Skeleton-Man el espectáculo La Muerte: El alto precio de la vida

En mi nuevo espectáculo La Muerte: El alto precio de la vida, presento al público la tradición existencialista. Puedes leer más sobre el espectáculo aquí, dirigido especialmente a instituciones educativas y empresas, por ejemplo, como un elemento festivo en la asamblea general anual del club de arte.